
La base fundamental de la existencia de los grupos humanos está constituida por la posibilidad de comunicar. El trabajo, la cooperación social, las fiestas y la familia, entre otros ámbitos, pueden desarrollarse porque los individuos que participan, que los producen, consiguen comunicarse entre ellos, intercambiar mensajes, ponerse de acuerdo, tomar decisiones. La comunicación entre los individuos alcanza un nivel muy alto gracias a la utilización de instrumentos y medios muy sofisticados a través de los cuales se pueden transmitir mensajes complejos que se refieren no solamente a realidades cercanas (como un peligro o la localización de alimentos situados en las inmediaciones), sino también a otros lejanos en el espacio y en el tiempo. Un hombre puede describir a otros lo que hay a distancia del sitio en el cual se encuentran y también narrar algo que sucedió en el pasado. Además, la comunicación humana permite relacionar contenidos entre sí e intercambiarlos con otros. Esto es lo que permite a los hombres producir y transmitir su cultura.
Según la manera de entender su mundo, cada pueblo produce términos lingüísticos para expresarlos. Si para un grupo cultural, la realidad es formada por espíritus -por ejemplo, de la montaña o de sus antepasados-, su lengua tendrá términos para describirlos y verbos para indicar sus acciones. El medio ambiente que circunda a los grupos culturales tiene una fuerte relación con las lenguas. Es una relación recíproca: el ambiente condiciona la lengua, y a su vez, la lengua condiciona la percepción del ambiente (solamente si la realidad que el grupo considera importante, tiene nombres y por lo tanto ésta puede ser utilizada).
De esta manera, El patrimonio en sí no produce relatos ni descripciones míticas, ni saberes y demás; ellos son producidos en el ámbito de la cultura, es decir, el tejido de relaciones de los seres humanos con sus realidades, contextos e imaginarios. El patrimonio es el resultado de la valoración social que se hace de dichas tradiciones y prácticas culturales, produce relatos sobre su pasado, descripciones míticas e históricas de otros pueblos, saberes técnicos y espirituales, cuentos, fábulas..., todas estas expresiones culturales utilizan sobre todo la lengua para la comunicación, tanto en forma oral como escrita.
Las lenguas no son estáticas sino que se trasforman según los cambios que se suceden en la sociedad que las ha producido. Un mismo pueblo puede ser formado por grupos que viven en regiones diferentes y con poco contacto entre sí. En cuyo caso, sea por el contacto con pueblos de lenguas diferentes, sea por el desarrollo interno de la lengua, cada subgrupo puede utilizar una versión diferente de la misma lengua. Si la distancia entre estos grupos aumenta, se pueden originar lenguas diferentes. Esta "fragmentación lingüística" es uno de los orígenes de la multiplicación de las lenguas en las distintas regiones del mundo.
Los procesos de fragmentación son siempre de tipo histórico (inmigración, guerra, etc.) y pueden involucrar de manera simultánea pueblos de diferentes culturas y lenguas, dando origen a procesos de intercambio lingüístico o de fusión entre lenguas diferentes. Podemos asistir por ejemplo a procesos de imposición lingüística, a consecuencia de una unificación social o de una dominación política. En este caso, también los pueblos sometidos pueden producir nuevas lenguas, a menudo utilizando fragmentos de lenguas propias y ajenas, expresando así su creatividad y perspectiva de futuro.
panel 1 : unesco-cluster mercosur
panel 2 : memoria e identidad